Cannabis Medicinal

Los fitocannabinoides del cáñamo medicinal actúan sobre el sistema endocannabinoide del cuerpo humano, que participa en la regulación de diversas funciones fisiológicas, con un perfil de seguridad muy favorable. Muchos pacientes utilizan cannabis como sustituto para medicamentos recetados que tienen perfiles de seguridad menos favorables. El cannabis medicinal cumple con rigurosos estándares farmacéuticos de calidad en cuanto a contenido de la sustancia activa, estabilidad y pureza, y desde marzo de 2017 puede ser recetado por cualquier médico, con sus costos cubiertos por los seguros obligatorios de salud.

Durante décadas, la legalización del cannabis para uso medicinal ha motivado controvertidos debates, aunque el uso terapéutico del cannabis ya ha demostrado efectos positivos en muchos países. Por ejemplo, se ha verificado que en los estados de EE.UU. donde la marihuana medicinal está disponible legalmente han disminuido el consumo, el abuso y la mortalidad por sobredosis (accidental) de medicamentos recetados (por ejemplo, opiáceos).1

En 2017, un estudio transversal con 2774 consumidores de cannabis que fue publicado en el Journal of Pain Research reveló que el 46% de los encuestados utiliza el cannabis como sustituto de medicamentos recetados. Aunque estas cifras solo reflejan información presentada por sus propios testimonios, pueden observarse las tendencias: las drogas sustituidas más comúnmente fueron los narcóticos/opiáceos (35,8%), ansiolíticos / benzodiacepinas (13,6%) y antidepresivos (12,7%).

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Los cannabinoides herbáceos contenidos en el cannabis, sobre todo el THC y el CBD, modulan el sistema endocannabinoide del cuerpo (SEC), que participa en la regulación de diferentes funciones fisiológicas (sistema nervioso, sistema inmunológico, sistema cardiovascular, sistema gastrointestinal, músculos, huesos, piel). Esto también explica el amplio potencial terapéutico de la planta3.

A partir de la Convención de la ONU del año 1961, el cannabis ha sido catalogado como una droga ilegal, en igualdad de condiciones con la heroína o la cocaína, lo cual complicó en las últimas décadas la investigación de sus propiedades medicinales y su aplicación clínica controlada. Aunque el cannabis ha sido utilizado como planta medicinal durante miles de años, lo que debería ser por sí mismo testimonio de su eficacia y seguridad, muchos médicos y farmacéuticos se oponen con un escepticismo desproporcionado al uso del cannabis como medicamento.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que en el año 2015 han consumido cannabis 183 millones de adultos en todo el mundo, lo que la convierte en la sustancia ilegal de consumo más frecuente – no fue posible borrar en unas pocas décadas 10.000 años de evolución conjunta de hombre y cultivo. Entonces, la OMS reaccionó y en 2018 reevaluó el riesgo del consumo recreativo de cannabis, declarando a la marihuana como una droga «relativamente segura» que – a diferencia de la heroína, la cocaína, y también sustancias legales como el alcohol, la nicotina y diferentes medicamentos – nunca ha provocado muertes por sobredosis. En todo caso, solo se advierte acerca de posibles efectos adversos agudos, incluyendo un deterioro de la memoria a corto plazo y de la coordinación motora, así como riesgos potenciales para el desarrollo cognitivo de los adolescentes.5

De todos modos, el cannabis medicinal y sus preparados, a diferencia de la marihuana del mercado negro o la proveniente de cultivos caseros, siguen estrictas normas de calidad en cuanto a contenido de sustancia activa, estabilidad y garantía de ausencia de pesticidas, hongos y diluyentes. Esto es principalmente lo que hace posible la investigación y la aplicación direccionada de los fármacos basados en cannabis. Además, la supervisión médica de la terapia con cannabis sirve para minimizar los daños potenciales, algo que no sucede cuando se lleva a cabo una auto-terapia con cannabis (p.ej. interacción con otros medicamentos, evaluación individual de riesgo-beneficio, intervención en caso de producirse efectos secundarios no deseados...).

Después de la entrada en vigor de la llamada “Ley de Cannabis” en marzo de 2017, en Alemania está permitida la comercialización de flores y preparados de cannabis de calidad farmacológica y pueden ser recetados por cualquier médico, exceptuando veterinarios y odontólogos6. Según dispone la legislación, los seguros obligatorios de salud deben cubrir los costos de tratamiento en tanto se cumplan los requisitos legales. Solo en casos excepcionales justificados puede procederse al rechazo de la cobertura de los gastos. Pero el paciente no debe ser privado del tratamiento.

Hasta el momento, el BfArM (Instituto Federal de Drogas Farmacéuticas de Alemania) ha otorgado las siguientes autorizaciones especiales para los tratamientos con cannabis según el art.3 párr.2 de la Ley de Narcóticos de Alemania (BtMG)7:

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[1] Bradford AC, Bradford WD. Medical marijuana laws reduce prescription medication use in Medicare part D. Heal Aff. 2016;35:1230-1236.

[2] Corroon J, Mischley L, Sexton M. Cannabis as a substitute for prescription drugs – a cross-sectional study. J Pain Res. 2017;Volume 10:989-998. doi:10.2147/JPR.S134330

[3] Cannabis: Verordnungshilfe für Ärzte von Franjo Grotenhermen; Klaus Häußermann – ISBN 10: 3804737595 – ISBN 13: 9783804737594

[4] Russo E. Hemp for Headache. J Cannabis Ther. 2001;1(2):21-92. doi:10.1300/J175v01n02_04

[5] http://www.who.int/medicines/access/controlled-substances/Section3.CannabitPlant.Toxicology.pdf

[6] https://www.bundesgesundheitsministerium.de/ministerium/meldungen/2017/januar/cannabis-als-medizin.html

[7] Deutscher Bundestag (27.03.2017): Antwort der Bundesregierung auf Anfrage der LINKEN