Riesgos y contraindicaciones

Según la OMS, el cannabis es una «droga relativamente segura», que nunca ha llevado a muertes por sobredosis. Sus efectos secundarios agudos afectan en particular la mente y la psicomotricidad, así como el corazón y la circulación, pero usualmente desaparecen al poco tiempo. Los medicamentos de cannabis están contraindicados en pacientes con trastornos de personalidad graves y psicosis debido a sus posibles efectos psicotrópicos. Los componentes activos del cannabis, THC y CBD, se metabolizan al igual que muchos otros fármacos a través del sistema del citocromo P450 hepático (CYP450), con lo cual puede dar lugar a interacciones con otros medicamentos. El riesgo de abuso de cannabis es muy bajo en comparación con muchas otras sustancias. Sin embargo, un consumo intenso y a largo plazo, especialmente en la adolescencia, podría llevar a trastornos mentales y de comportamiento, y por lo tanto debe ser despejado y monitoreado terapéuticamente.

¿Es el cannabis una droga peligrosa?

En 2018, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reevaluó el riesgo del consumo de cannabis (aquí: uso recreativo): según esta categorización, el cannabis es una “droga relativamente segura», que – a diferencia de la heroína, la cocaína, pero también de sustancias legales como el alcohol, la nicotina y diversos medicamentos – nunca ha llevado a muertes por sobredosis. Se advierte en todo caso por posibles efectos adversos agudos, incluyendo el deterioro de la memoria a corto plazo, la coordinación motora, así como los riesgos potenciales para el desarrollo cognitivo en jóvenes.1 El consumo de cannabinoides sintéticos, llamados «euforizantes legales» (spice, sales de baño) resultó sin embargo mortal para algunos jóvenes en los últimos años.

¿Qué efectos secundarios tiene el cannabis?

Cualquier sustancia que tiene un efecto trae consigo varios efectos secundarios no deseados, y el cannabis obviamente no es una excepción. Flores y extractos de cannabis con alto contenido de THC, u otros agonistas de los receptores cannabinoides (por ejemplo, dronabinol, nabilona) muestran un espectro similar de efectos secundarios mediados sobre todo por la activación del receptor CB1: los efectos secundarios agudos afectan en particular la mente y la psicomotricidad, así como el corazón y el sistema circulatorio (taquicardia, hipotensión, mareo, síncope) y desaparecen generalmente después de un breve tiempo de adaptación. Por encima de un umbral individual, se producen a menudo efectos psicotrópicos percibidos generalmente como agradables y relajantes, y por lo tanto terapéuticamente útiles, aunque por otra parte pueden convertirse en disforia, ansiedad y pánico.2*

Otros efectos secundarios conocidos incluyen sequedad en la boca, aumento del apetito, reducción en la formación de lágrimas y enrojecimiento de los ojos, alteración en la percepción temporal y sensorial, trastornos de orientación y equilibrio y relajación muscular.2,3

Los medicamentos de cannabis están contraindicados para grupos de riesgo (trastornos de personalidad graves y pacientes en riesgo de psicosis).

Para obtener más información, consulte con su médico o farmacéutico.

* Podría tratarse de una supuesta «experiencia psicodélica difícil» (el cannabis, probablemente debido a sus efectos sobre el sistema serotoninérgico, también puede actuar como un psicodélico débil (enlace: historia)), que se caracteriza por ansiedad, un sentimiento de soledad o de encierro, desorientación temporal y espacial, confusión y miedo a la pérdida de control. Los estados psicodélicos de la conciencia pueden traer potencialmente traumas y temores del subconsciente hacia la conciencia, lo cual puede ser terapéuticamente útil con un acompañamiento profesional adecuado.

Organizaciones autogestionadas de reducción de daños, como el Proyecto Zendo y Eclipse e.V., y también organizaciones científicas como MIND Fundación Europea para la Ciencia Psicodélica ofrecen capacitación y material informativo sobre el tema para médicos, terapeutas y particulares.

¿Existen interacciones entre el cannabis y otros medicamentos?

Tanto el THC y como el CBD son metabolizados, como muchos otras sustancias farmacéuticas, por el citocromo P450 hepático (CYP450); el THC principalmente a través del CYP3A4 y el CBD a través del CYP2C19 y el CYP2D6. Por lo tanto, con el uso simultáneo con otros fármacos que son metabolizados por las mismas enzimas, pueden interferir de forma recíproca.4

Con toma simultánea de hipnóticos, sedantes y otras sustancias tranquilizantes (también alcohol), puede provocarse un efecto aditivo de sedación y relajación muscular.5

Para obtener más información, pregunte a su médico o farmacéutico.

Potencial de abuso

Un estudio de Nutt y otros publicado en Lancet en 2007 muestra que el potencial de abuso del cannabis es mucho menor que el de narcóticos ilegales como la heroína o la cocaína, pero también que el de muchos fármacos recetados como buprenorfinas, benzodiacepinas y barbitúricos, y estimulantes de venta legal como el alcohol o el tabaco.6

El desarrollo de una adicción psicológica es muy poco probable en el contexto terapéutico, especialmente en dosis moderadas. Sin embargo, la medicación a largo plazo con fármacos que contienen THC conduce usualmente al desarrollo de una tolerancia (es decir, en sentido estricto, una leve “adicción” física).
Esta adaptación conduce ante todo a que los efectos secundarios no deseados como fatiga, mareos, efectos secundarios cardiovasculares y psicológicos desaparezcan después de algún tiempo. Una interrupción abrupta del uso de la medicación puede causar temporalmente síntomas de abstinencia leves (tales como insomnio, irritabilidad, aumento de la sudoración).2

A pesar del potencial de abuso relativamente bajo, el uso intenso y prolongado del cannabis, especialmente en la adolescencia, puede conducir a trastornos mentales y de comportamiento (como adicciones psicológicas o episodios psicóticos). Estos trastornos están señalados con el código CIE-10 F12 según la clasificación estadística internacional de enfermedades y problemas de salud asociados. Todavía no se ha establecido de forma concluyente si el consumo de cannabis causa estas enfermedades o si el uso de cannabis está correlacionado con los problemas psicológicos, es decir, si el consumo debe considerarse como un intento de automedicación.6,7

Enfermedades psicológicas, crisis y adicción suelen ir de la mano con una tendencia al aislamiento social. Debido a que el uso de cannabis en muchos países es ilegal, por temor o vergüenza muchas de las personas no buscan ayuda cuando ellas o sus allegados se ven afectadas por un uso dañino del cannabis, lo cual agrava aún más la situación. Si usted sospecha que el consumo de cannabis le resulta problemático, háblelo con su médico, su familia o sus amigos. Además, en Internet también puede encontrarse información y asesoramiento específico para los usuarios de cannabis que busquen ayuda profesional.

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[1] http://www.who.int/medicines/access/controlled-substances/Section3.CannabitPlant.Toxicology.pdf

[2] Cannabis: Verordnungshilfe für Ärzte von Franjo Grotenhermen; Klaus Häußermann – ISBN 10: 3804737595 – ISBN 13: 9783804737594

[3] Whiting PF et al. (2015): Cannabinoids for Medical Use ‐ A Systematic Review and Meta‐analysis. In: JAMA 2015;313(24):2456‐2473. doi:10.1001/jama.2015.6358

[4] Jungaberle H, Thal S, Zeuch A, et al. Positive psychology in the investigation of psychedelics and entactogens: A critical review. Neuropharmacology. June 2018. doi:10.1016/j.neuropharm.2018.06.034

[5] Nutt D, King LA, Saulsbury W, Blakemore C. Development of a rational scale to assess the harm of drugs of potential misuse. Lancet (London, England). 2007;369(9566):1047-1053. doi:10.1016/S0140-6736(07)60464-4

[6] Bolhuis K, Kushner SA, Yalniz S, et al. Maternal and paternal cannabis use during pregnancy and the risk of psychotic-like experiences in the offspring. Schizophr Res. July 2018. doi:10.1016/j.schres.2018.06.067

[7] Sami MB, Bhattacharyya S. Are cannabis-using and non-using patients different groups? Towards understanding the neurobiology of cannabis use in psychotic disorders. J Psychopharmacol. 2018;32(8):825-849. doi:10.1177/0269881118760662