Potencial de abuso

Si se compara el potencial de abuso de una sustancia en relación con a) posibles daños a la salud, b) el potencial adictivo y c) daños sociales asociados, resulta sorprendente descubrir que las sustancias de alto riesgo no son ilegales y que aquellas con bajo riesgo sí lo son. El potencial de abuso del cannabis se encuentra muy por debajo del que muestran otros estupefacientes ilegales como por ejemplo la heroína o la cocaína, pero también resulta menor que el de muchos medicamentos de receta obligatoria u otros estimulantes de circulación legal como el alcohol o el tabaco.

Una de las mayores preocupaciones al recetar cannabis medicinal está relacionada con su potencial de abuso como droga adictiva. Después de todo, durante décadas la planta medicinal ha sido clasificada erróneamente como estupefaciente sin beneficios médicos. Existen tres factores principales6, que determinan el potencial de abuso de una sustancia: los posibles riesgos para la salud de cada consumidor; la tendencia de la droga a crear dependencia; y las repercusiones sociales del consumo de la droga (sobre la familia, la comunidad y la sociedad).

Los riesgos para la salud6 para el consumidor pueden distinguirse más detalladamente en

  • daños físicos agudos – es decir peligros inmediatos (p.ej. depresión respiratoria con opiáceos, infarto agudo de miocardio con cocaína y envenenamientos mortales) 
  • daños físicos crónicos – es decir, las consecuencias sobre la salud por el uso prolongado (p.ej. privación de sueño/psicosis con estimulantes, enfermedad pulmonar con tabaco)
  • problemas específicos relacionados con la aplicación intravenosa (infecciones virales, etc.).
En la práctica, el cannabis no puede sobredosificarse con consecuencias fatales en el organismo humano (según los expertos, para que esto ocurra deberían consumirse varios cientos de gramos en muy poco tiempo, e incluso los consumidores extremadamente frecuentes no usan más de 5 gramos al día). El consumo ocasional y menor acumulado (aquí: Fumar) ni siquiera provoca al parecer daños en la función pulmonar, como muestra un estudio a largo plazo; existen incluso indicios de un efecto anticancerígeno del cannabis en caso de determinados tumores pulmonares.2,3

El potencial adictivo6 de una sustancia se determina por un lado según la medida del efecto placentero producido por la droga (sistema dopaminérgico de recompensas del cerebro) y por el otro, hasta qué punto conduce a un comportamiento adictivo. Cuanto más rápidamente llega la sustancia al cerebro, más fuerte es la embriaguez. De ahí que las drogas callejeras sean preferentemente inyectadas por vía intravenosa, a través de la mucosa nasal o los pulmones para que alcancen directamente el torrente sanguíneo. La toma oral de las mismas sustancias provoca que el cuerpo las incorpore de manera más lenta y que produzca efecto más mitigado (es decir, que influyen menos en el sistema dopaminérgico de recompensas), a pesar de que el efecto de la toma oral es usualmente más prolongado. La dependencia corporal o adicción suele ser consecuencia de una tolerancia corporal creciente (p.ej. mediante desensibilización adaptativa o una baja numérica en la regulación de los receptores involucrados), así para lograr el mismo efecto, se requieren dosis cada vez más altas. La adicción se expresa en caso de la interrupción del consumo a través de una necesidad imperiosa de la droga, así como de síntomas de abstinencia como dolor, temblor, diarrea, sudoración profusa o insomnio. Se incluyen también dolores de cabeza, irritabilidad y náuseas, por ejemplo en caso de “abstinencia” de cafeína. La dependencia psicológica resulta del uso reiterado de una sustancia y está basado más en el deseo que en la necesidad de interrumpir los síntomas físicos de abstinencia.

Después del consumo a largo plazo (que puede llevar a dependencia psicológica) la abstinencia de cannabis después de unos días puede conducir a a leves síntomas de abstinencia medibles como sudoración profusa, insomnio e irritabilidad, pero que en general desaparecen después de unos días.

Las sustancias con vida media corta que son rápidamente excretadas por el cuerpo provocan síntomas de abstinencia más extremos que aquellas que permanecen durante más tiempo en el cuerpo, como por ejemplo el cannabis (el THC tiene una vida media de varios días, mientras que la vida media de la cocaína es de solo unas horas).

El potencial adictivo del cannabis (fumado) y el alcohol es igual de alto (aproximadamente 10% de los fumadores de cannabis desarrollan una dependencia psicológica, y algunos de ellos también una dependencia física leve). En lugar de concentrarse únicamente en la sustancia como factor perturbador, los expertos en adicciones como el Dr. Gábor Maté, húngaro que vive en Canadá, recomiendan enfocarse en los otros factores que llevan a los individuos en cuestión a querer escapar de su realidad.4 De este modo, las personas que sufren adicciones pueden recibir ayuda en la raíz de sus problemas, en vez de ser estigmatizadas y criminalizadas por un síntoma de su dolencia.

Los daños sociales6 se producen p.ej. a través de los diversos efectos secundarios de la intoxicación (p.ej. accidentes y violencia con alcohol), la influencia dañina sobre la vida familiar y social (p.ej. negligencia, falta de interés) y a través de los crecientes costos para el sistema de salud, de ayuda social y la policía. Las drogas que provocan una intoxicación fuerte están relacionadas con altos costos en relación con los daños colaterales para los consumidores, sus allegados y sus pertenencias (p.ej. delincuencia relacionada con el uso de drogas).

La delincuencia relacionada con el uso de drogas (prostitución, asalto, robo) resulta insignificante en el caso de los consumidores de cannabis, si es que no se considerará ilegal la adquisición de la planta. Tres años después de la legalización del cannabis en algunos Estados de EE.UU., no se comprobó ninguna variación en el número de víctimas fatales por accidentes de tránsito en comparación con Estados que no la legalizaron.5

Basado en estos factores (salud de las personas, daños sociales y potencial adicción) Nutt y otros calcularon el potencial de abuso de diferentes sustancias y los compararon entre sí en un estudio un publicado en Lancet en el año 2007.6 Resulta sorprendente que la evaluación racional objetiva de ninguna manera encontró que las sustancias con alto riesgo son ilegales o que aquellas con bajo riesgo sean legales (comp. Fig.1).

Según este estudio y los criterios racionales allí presentados, el potencial de abuso del cannabis es mucho menor que lo que su reputación sugiere. Está muy por debajo del de otras drogas ilegales como la heroína o la cocaína, pero también debajo del de muchos medicamentos expendidos bajo receta como buprenorfinas, benzodiacepinas y barbitúricos, así como de estimulantes de acceso legal como el alcohol o el tabaco.

Potencial de abuso 1
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[1] https://mychronicrelief.com/cannabis-quick-facts/

[2] Pletcher MJ, Vittinghoff E, Kalhan R, et al. Association Between Marijuana Exposure and Pulmonary Function Over 20 Years. JAMA. 2012;307(2):173. doi:10.1001/jama.2011.1961

[3] Velasco G, Hernández-Tiedra S, Dávila D, Lorente M. The use of cannabinoids as anticancer agents. Prog Neuro-Psychopharmacology Biol Psychiatry. 2016. doi:10.1016/j.pnpbp.2015.05.010

[4] In the Realm of Hungry Ghosts: Close Encounters with Addiction;  Gabor Mate M.D., Peter A. Levine Ph.D.; ISBN: 8580001069746

[5] Aydelotte JD, Brown LH, Luftman KM, et al. Crash Fatality Rates After Recreational Marijuana Legalization in Washington and Colorado. Am J Public Health. 2017;107(8):1329-1331. doi:10.2105/AJPH.2017.303848

[6] Nutt D, King LA, Saulsbury W, Blakemore C. Development of a rational scale to assess the harm of drugs of potential misuse. Lancet (London, England). 2007;369(9566):1047-1053. doi:10.1016/S0140-6736(07)60464-4