Cuerpo y mente

No sólo la eliminación de patógenos cumple un rol en el tratamiento de las afecciones físicas. Existe una compleja red de comunicación entre el sistema inmune y el cerebro a través de la cual estas dos instancias de control del organismo se influyen mutuamente. Un ejemplo de este aspecto es el estrés y la influencia del llamado eje HPA (hipotalámico pituitario adrenal) en procesos inflamatorios y psicológicos. Diversas medidas para la reducción del estrés, apoyadas también con medicación, contribuyen a la recuperación ayudando a restablecer la comunicación deteriorada entre cerebro/psiquis y el sistema inmunológico.

A principios del siglo XX, médicos y enfermeras aún le atribuían gran importancia al estado psicológico de sus pacientes. Con el éxito de las sustancias sintéticas en el tratamiento de infecciones, empezó a crecer la idea de que a la hora de combatir procesos inflamatorios y febriles, la eliminación de patógenos es lo único importante. El papel de la salud mental en las enfermedades físicas fue cayendo lentamente en el olvido. Hoy en día, los conocimientos de medicina molecular y farmacología demuestran la existencia de una compleja red de comunicaciones entre el sistema inmunológico y el cerebro, a través de la cual estos dos sistemas superiores de control del organismo se intercambian continuamente señales bioquímicas. Las alteraciones en esta red de comunicación (defectos congénitos, influencia de los medicamentos, envenenamiento, procedimientos quirúrgicos) provocan o intensifican ciertos cuadros clínicos que otra manera son amortiguados o evitados por el sistema nervioso o inmunológico, y se producen infecciones, inflamaciones, enfermedades autoinmunes o enfermedades mentales.

Por ejemplo, al observar la respuesta de estrés del organismo, resulta evidente la interdependencia de los sistemas nervioso, hormonal e inmunológico. El sistema inmunológico, organizado de forma descentralizada, se activa y se dirige automáticamente contra patógenos, células degeneradas y moléculas exógenas («estresores») cuando estos amenazan la homeostasis corporal. Al mismo tiempo, debe evitarse una respuesta inmune excesiva para evitar alergias o reacciones autoinmunes. En una situación percibida como amenazante (emocionalmente), el hipotálamo, perteneciente al sistema límbico, transmite señales mediante una cascada hormonal a través de la glándula pituitaria a la corteza suprarrenal (hormona liberadora de corticotropina CRH, hormona liberadora de hormona adrenocorticotropa ACTH), que entonces secreta las clásicas hormonas del estrés, adrenalina y cortisol, para disponer al cuerpo en el estado de alerta acorde con los diferentes desafíos (aumento de la presión arterial, mayor vigilancia/ansiedad/estrés, preparación para “fight-or-flight”, cambio en la actividad del simpático y parasimpático del sistema nervioso autónomo, inhibición momentánea de procesos no vitales para la supervivencia como digestión, sueño y sexualidad). La hormona esteroidea cortisol es a la vez un fuerte regulador inmunológico y antiinflamatorio, e influye sobre una amplia variedad de funciones metabólicas. Además, podría probarse que el estrés crónico provoca una regulación hacia abajo, es decir la pérdida de receptores cannabinoides tipo 1 (CB1) en diferentes regiones del cerebro.

El cortisol actúa como inhibidor del hipotálamo en un circuito de retroalimentación, e inhibe así la cascada de hormonas que conduciría a la liberación de aún más cortisol. Las citoquinas producidas por las células inmunes, sin embargo, estimulan el hipotálamo tanto de forma directa como indirecta a través de fibras nerviosas periféricas – y así también al eje de estrés HPA (hipotálamo-pituitaria-adrenal). El hipotálamo es regulado también por las estructuras cerebrales superiores como el neocórtex (aspectos superiores de la personalidad).
biopsychologie_englisch
kommunikation_stress_system_immunsystem_englisch
La salud y el bienestar dependen de la interacción equilibrada entre cuerpo y psiquis. El estrés y el sistema inmunológico pueden tanto estimular (flechas rojas) como inhibir (flechas azules) las funciones del otro; adaptado de: Biopsychologie, Spektrum Akademischer Verlag.

Si esta regulación finamente coordinada es alterada en uno o más puntos, se producirán consecuentemente enfermedades: las depresiones atípicas y otros cuadros clínicos acompañados de agotamiento y gran pérdida de apetito (incluyendo fibromialgia, artritis reumatoide en etapas tempranas) se correlacionan muchas veces con un eje de estrés hormonal hipoactivo y una activación exagerada del sistema inmunológico, lo cual se manifiesta en dolor articular y muscular, síntomas alérgicos o títulos de anticuerpos elevados en la sangre. La depresión clásica se caracteriza, sin embargo, por el hecho de que los pacientes viven en cierto modo en una ansiedad estructurada que podría ser descrita como una «sobreexcitación fisiológica condicionada por el miedo / activación crónica del eje del estrés» y que por un lado se relaciona con problemas de sueño y pérdida de apetito y por otro lado con una función inmunológica disminuida que a largo plazo puede favorecer la aparición y progresión de enfermedades degenerativas y cáncer.

El descubrimiento de la estrecha interacción entre la respuesta neuronal de estrés y el sistema inmunológico podrían explicar la comorbilidad clínica frecuentemente observable por ejemplo de artritis y depresión, y hay motivos para sospechar que el tipo de estímulo disruptivo (proinflamatorio o de daño psíquico) determina cuál de los dos complejos sintomáticos resulta dominante. Los hallazgos científicos confirman así la experiencia cotidiana que indica que las situaciones de estrés psicológico intensifican las dolencias inflamatorias y la tendencia a contraer infecciones, e inversamente, condiciones vitales positivas influyen también positivamente en la condición física del paciente.

Es posible aprovechar terapéuticamente este efecto, por ejemplo a través de la actividad física para reducir el estrés o ejercicios mentales contra la susceptibilidad al estrés, que han demostrado armonizar el eje del estrés y aumentar el umbral de estímulos (p.ej. meditación, desarrollo de la conciencia). Una red de relaciones sociales y de apoyo seguras – también en el contexto de una terapia de grupo – reduce de igual manera la susceptibilidad al estrés y fortalece las defensas. En el caso de enfermedades crónicas, una estadía en un sitio de recuperación puede resultar de ayuda para restablecer la comunicación dañada entre cerebro/psiquis y cuerpo/sistema inmunológico. Contar con defensas bien reguladas es el primer requisito para la recuperación física, aun cuando también pueden respaldarse con medicamentos los procesos curativos propios del cuerpo. Con todo, una división tajante entre enfermedades orgánicas y mentales resulta un concepto médico caduco. El cuerpo y la mente están interrelacionados de forma muy cercana, según demuestra la psiconeuroinmunología.

Los desafíos fortalecen, los desafíos endurecen. Esto es cierto para el cuerpo y también para la mente: un sistema inmunitario que nunca ha sufrido no es capaz de aprender a orquestar correctamente la defensa ante los ataques de patógenos, y quien nunca sufre reveses ni aprende a lidiar con las crisis, a veces incluso con ayuda profesional, no puede desarrollar su personalidad ni madurar psicológicamente.

¿Sabía usted que los científicos describen metafóricamente al sistema endocannabinoide como un "microcosmos de la psiconeuroinmunología" o la medicina de cuerpo y mente, y que el cannabis medicinal desarrolla su potencial terapéutico en la intersección del sistema nervioso y el sistema inmunológico? Entre otras cosas, regula muchos de los efectos físicos y psicológicos del estrés, al modular o amortiguar la respuesta de estrés a diferentes niveles.

Share on facebook
Share on twitter
Share on pinterest
Share on email
Share on print

Biopsychologie, Kapitel: Psyche, Stress und Krankheitsabwehr; Spektrum Akademischer Verlag, ISBN-10: 3827402190, ISBN-13: 978-3827402196

Morena M, Patel S, Bains JS, Hill MN. Neurobiological Interactions Between Stress and the Endocannabinoid System. Neuropsychopharmacology. 2016;41(1):80-102. doi:10.1038/npp.2015.166

McPartland JM, Guy GW, Di Marzo V. Care and Feeding of the Endocannabinoid System: A Systematic Review of Potential Clinical Interventions that Upregulate the Endocannabinoid System. Romanovsky AA, ed. PLoS One. 2014;9(3):e89566. doi:10.1371/journal.pone.0089566