Enfermedades de la civilización

Debido a un estilo de vida poco saludable con mucho estrés y escaso ejercicio, la mayoría de las personas en los países industrializados occidentales contraen enfermedades de la civilización, como trastornos cardiovasculares y neurodegenerativos, cáncer, sobrepeso y respuestas inmunitarias alteradas. Por ejemplo, el consumo excesivo de grasas animales conduce a un exceso de ácido araquidónico que constituye el sustrato de partida para mediadores de dolor e inflamación. A su vez, partiendo del ácido araquidónico el cuerpo fabrica también el endocannabinoide anandamida, que es responsable de la sensación de felicidad, entre otras cosas. El cuerpo puede sintetizar también el ácido araquidónico de las grasas vegetales, cuyos productos de degradación tienen también propiedades antiinflamatorias.

Sabemos que la mayoría de las enfermedades en naciones industrializadas de Occidente no son causadas primariamente por parásitos, virus o bacterias, sino que son la consecuencia de un estilo de vida poco saludable: tabaco, alcohol, malos hábitos alimentarios, falta de ejercicio, estrés y contaminación llevan a enfermedades cardiovasculares y neurodegenerativas, cáncer, obesidad y a una función inmunológica reducida o alterada, para nombrar unas pocas. Este tipo de enfermedades crónicas y degenerativas debilitan y matan a más personas que todas las guerras y los conflictos étnicos sumados.1

¿Cómo puede esperarse que vamos a encontrar o inventar un medicamento que nos cure de nosotros mismos?

El desafío de nuestro tiempo consiste evidentemente en cambiar nuestras prioridades y nuestro comportamiento para recuperar el equilibrio físico y espiritual: las personas con un estilo de vida estresante y alta tensión psicológica necesitan procurarse suficientes cantidades de sueño y relajación. Sobre todo, la actividad sedentaria debe compensarse con ejercicio diario (caminatas, ascenso por escaleras en lugar de usar el elevador, andar en bicicleta en vez de en coche). En cuanto a la alimentación, no solo resulta relevante una ingesta calórica adecuada, sino también la composición nutricional de los alimentos. El cuerpo, por ejemplo, no puede producir algunos aminoácidos esenciales y ácidos grasos, y por eso debe absorberlos a través de los alimentos. Por otra parte, el contenido de micronutrientes, como minerales y oligoelementos, y también la carga de toxinas ambientales y residuos de medicamentos en los alimentos dependen de la calidad del suelo o las condiciones de vida de los organismos en la cadena alimentaria, al final de la cual se ubica el ser humano como consumidor.

En última instancia, cada una de nuestras células está conformada por los componentes constitutivos de los alimentos que ingerimos, el agua que bebemos y el aire que respiramos, según las “instrucciones de ensamblaje” genéticas que están codificadas en nuestro ADN. Nuestras experiencias y nuestros hábitos de vida determinan luego cómo estas células se conectan y se comunican con las demás.

Por ejemplo, los ácidos grasos poliinsaturados esenciales (PUFAs) ingeridos con la comida juegan un papel fundamental en muchos procesos fisiológicos (incluyendo inflamación, enfermedades cardiovasculares, inmunidad y neurotransmisión). En este aspecto, resulta crucial encontrar un equilibrio entre ácidos grasos Omega-3 y Omega-6. La dieta occidental típica, que contiene muchas grasas animales, muestra frecuentemente un exceso de ácidos grasos Omega-6 y carece de ácidos grasos Omega-3. El ácido araquidónico, un ácido graso Omega-6 arquetípico, puede tomarse directamente de las grasas animales o ser sintetizado por el organismo a partir de los ácidos linoleico o linolénico (Omega-3). Los alimentos vegetales son buenas fuentes de ácidos grasos esenciales, los ácidos linoleico y α-linolénico; se encuentran principalmente en los aceites de lino, nuez y semillas de cáñamo, entre otras. El ácido araquidónico es entre otras cosas el sustrato de partida para mediadores de dolor e inflamación como las prostaglandinas, tromboxanos y leucotrienos, que cuando se presentan en exceso provocan dolor crónico e inflamación (por lo tanto se aconseja por ejemplo que los pacientes reumáticos eviten en lo posible el consumo de carne). Por otro lado, el ácido araquidónico también es sustrato para formar el endocannabinoide anandamida (proviene de ananda, felicidad en sánscrito)). Por eso, si estamos felices, el ácido araquidónico semi esencial se metabolizará en mayor cantidad en anandamida y como resultado habrá menor cantidad disponible para la síntesis de mediadores de dolor e inflamación. Además, los metabolitos inflamatorios del ácido araquidónico son desplazados a través de una ingesta alimentaria suficiente de ácidos grasos Omega-3 y sus metabolitos, que tienen propiedades antiinflamatorias.2

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[1] L S. Civilization diseases and their relations with nutrition and the lifestyle. Physiol Res. 2009;58 Suppl 1:i-ii. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20049982. Accessed August 23, 2018.

[2] 1. McPartland JM, Guy GW, Di Marzo V. Care and Feeding of the Endocannabinoid System: A Systematic Review of Potential Clinical Interventions that Upregulate the Endocannabinoid System. Romanovsky AA, ed. PLoS One. 2014;9(3):e89566. doi:10.1371/journal.pone.0089566